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La CELAC nos permitirá administrar nuestros propios recursos biológicos.



Debían pasar 200 años para que la de unidad de América Latina y del Caribe soñada por Bolívar y San Martín, Hidalgo y Artigas, Sucre y O´Higgins y cien más, comience a concretarse en realidades de esperanzadora integración social, política, económica y cultural de los pueblos. Es la energía revolucionaria y antiimperialista latente desde el Río Grande del Norte hasta la Tierra del Fuego, la que impulsó el surgimiento de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe, como un nuevo paradigma de unión que se anida en conciencias y sentimientos de hombres y mujeres libres, democráticos y progresistas de esta pare del mundo que es el futuro de la humanidad.

Los orígenes de la CELAC podrían estar en el 15 de septiembre de 1815, fecha en la que Simón Bolívar estableció las bases de la Unión Americana en su célebre “Carta de Jamaica”, considerada por muchos el más grande documento profético de El Libertador. Posteriormente, el 07 de diciembre de 1824, dos días antes de la Batalla de Ayacucho, Bolívar convocaba -a través de un documento- a los gobiernos de Colombia, México, Río de la Plata, Chile y Guatemala. Dicho documento llamaba a un Congreso Americano en Panamá, el cual no debía ser postergado en tanto hubiera sido “un crimen privarnos de las ventajas que produciría aquella Asamblea desde su instalación”.

El 22 de junio de 1826, se instala el Congreso Anfictiónico de Panamá, con la presencia de Nueva Granada, Venezuela y Ecuador, como países grancolombianos. Guatemala, México y Perú y Provincias Unidas de Centro América. Chile y Buenos Aires no asistieron por problemas de situación interna. Bolivia no llegó a tiempo y Gran Bretaña envió un observador.

El ideal de Bolívar fue torpedeado por los agentes de Estados Unidos y por las traiciones de Paula de Santander, pero la idea sembrada estaba convocada a no morir jamás porque anhelaba la paz entre los pueblos, la defensa de intereses comunes de los Estados liberados del imperio español, de la unión para repeler cualquier agresión o amenaza extranjera.

Estados Unidos, con el poder de las armas y del dólar, aplicó muy bien la lógica maquiavélica de “divide para reinar” y así Latinoamérica y el Caribe se convirtieron en el patio trasero y en el lago particular del imperio. La constante división y los reiterados intentos de fragmentar a nuestras patrias con propuestas separatistas y autonomistas de las oligarquías y grupos elitarios obedientes al dictado de Washington ya sea por intereses económicos o por subordinaciones ideológicas, impidieron la unión y consolidación de varios procesos integracionistas como la Comunidad Andina de Naciones, MERCOSUR, CARICOM. ALBA y UNASUR son nuevos modelos de integración.

La debilidad de los Estados latinoamericanos y caribeños ha estado en ese sometimiento al dictado imperial que, desde siempre y para su propio provecho, permitió un trato desigual en lo económico, político y social, discriminatorio en las economías asimétricas propias del subdesarrollo y en la existencia del sistema de explotación cuasi colonial que ha depredado los recursos naturales hasta agotar las reservas que son el patrimonio de la humanidad.

El analista José Manuel Loza Oblitas, decía que la tónica de la globalización y la necesidad de integración, primero económica, nos ha impelido a la creación de diferentes organismos, ya sea subregionales como regionales, habiéndose culminado el sábado 3 de diciembre con la puesta en marcha de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), con características diferentes, que tienden a la unidad económica y política, un sueño bolivariano que no se llevó adelante en el Istmo de Panamá en 1826”.

El mundo avanza hacia nuevas concepciones socio-políticas, ideológicas y económicas, en tanto el capitalismo se hunde en una crisis integral y tal vez insuperable. En la segunda década del siglo XXI la humanidad busca ansiosamente nuevos modelos de desarrollo y supervivencia, y en América Latina y el Caribe se avanza, inexorablemente, en la propuesta de cambio de época que posibilite el fin de las políticas imperiales de expansión neocolonial, dominación y expoliación. Los pueblos se compenetran conciencialmente con nuevos conceptos de democracia participativa, y con la legítima aspiración de alcanzar la igualdad, justicia social, equidad, libertad y ejercicio pleno de los derechos humanos.

Para contrarrestar exitosamente el divisionismo sembrado por el imperio, se concreta un nuevo proceso integracionista que heredó el espíritu del Congreso Anfictiónico de Panamá y que bien puede considerarse como la continuación del Grupo de Río que comenzó a formarse el 18 de diciembre de 1986 por la Declaración de Río de Janeiro, que se propuso ser un bloque permanente de consulta y concertación política entre países del grupo. La naciente CELAC se amplia y fortalece con los países del Caribe y adquiere un vigor extraordinario con identidad propia al liquidare el tutelaje imperial.

A su vez, al Grupo de Río lo precede el Grupo de Contadora que surgió en enero de 1983, por iniciativa de los gobiernos de Colombia, México, Panamá y Venezuela que se propusieron promover la paz en Centroamérica, especialmente frente a los conflictos armados en El Salvador, Nicaragua y Guatemala. Trataban de liquidar la insurgencia izquierdista con un claro interés estadounidense disimulado con un fuerte llamado al cese de la presencia militar e injerencia política de la Casa Blanca. La guerra revolucionaria en Centro América fue combatida por Estados Unidos con la CIA y los ejércitos dominados por esa tétrica organización y por el Pentágono. El Grupo Contadora fue apoyado por Ecuador y luego por Perú, Argentina, Brasil y Uruguay. Así nació el Grupo de los Ocho que abordó temas regionales como el conflicto de las Islas Malvinas entre Argentina y Gran Bretaña, la deuda externa y la propuesta de convertirse en un organismo de consulta para la resolución pacífica de las controversias.

Ese Grupo, en 1990, en una cumbre realizada en Río de Janeiro, adoptó el nombre de Grupo de Río que ha funcionado con cierta regularidad, con claras intenciones de impulsar los procesos integradores de América Latina y es en esos históricos antecedentes en los que comienzan a tomar cuerpo los nuevos conceptos de integración a partir de ópticas políticas y económicas apoyadas por los pueblos y los grupos intelectuales.

Con la CELAC se ha dado un paso gigantesco en la construcción de la unidad que arrancó con las propuestas de Simón Bolívar, pero hay que advertir que son los pueblos los nuevos protagonistas de la historia, porque son ellos los que recogieron el mandato de los libertadores para impulsar a los gobiernos a levantar las banderas de los postulados integracionistas. “El detalle es que mientras hay "indignados" en los países capitalistas que cuestionan su propio modelo de desarrollo, por estas tierras hay pueblos pidiendo a gritos que mueran los imperios, que muera el capitalismo y renazca la idea de promover modelos políticos, económicos y sociales de rostros humanos, solidarios e incluyentes”.

Más que una bandera de lucha, la unidad latinoamericana ha sido siempre una aspiración, un ideal revolucionario que vive en la mente de los pueblos. Factores internos y externos siempre se conjugaron para acabar con los sueños de avanzar por las sendas de la tranquilidad espiritual. El modelo capitalista nos sembró la idea de la falsa riqueza, de la eterna crisis y la imposibilidad de la integración. Los porcentajes de bienestar del modelo capitalista solo para un 5% de la población mundial. Sin duda, es nefasto el modelo capitalista para el progreso de los pueblos.

Si alguien lo duda revise la crisis que enfrentan algunos países europeos y hasta el mismo imperio asesino de los Estados Unidos, decadente y detestable en todo.

El politólogo Eduardo Marapacuto agregaba que la unidad latinoamericana ha sido siempre una aspiración, un ideal revolucionario que vive en la mente de los pueblos. Factores internos y externos siempre se conjugaron para acabar con los sueños de avanzar por las sendas de la tranquilidad espiritual.

Ahora las circunstancias son otras, porque los factores internos se conjugan en torno a claridad ideológica, que ya alumbra buena parte de estos territorios. Ya no andamos con linternas buscando el camino, sino que hemos despertado en conciencia y acción para condenar los desmanes que cometen los imperios y sus lacayos para adueñarse de los recursos y las riquezas de Estados soberanos, tal como lo han hecho y lo hacen actualmente con países árabes y africanos. Los países latinoamericanos simplemente no se dejaron y así unidos, con Venezuela en la vanguardia, se derrotó de manera certera al tristemente célebre Alca.

Este nuevo esquema se las trae. Ya no es lo meramente económico, sino lo político, lo estratégico y lo geopolítico, es la voz de una región que no atropella y no invade, sino que es la voz de la revolución que se ha hecho canto para integrar los pueblos de la patria grande. Desde este espacio apostamos con fe a la CELAC y a la integración latinoamericana.

Entre el 2 y 3 de diciembre comenzó a respirar con vida propia la CELAC, un organismo regional compuesto por 33 países, con una veintena de acuerdos y declaraciones entre los que destacan "la Declaración de Caracas, el Manual de Procedimientos, el Plan de Acción de Caracas 2012, para el funcionamiento orgánico de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), y la Declaración Especial sobre la Defensa de la Democracia en los países de la CELAC".

En la Declaración de Caracas, los 33 países se han comprometido a que la CELAC "avance en el proceso de integración política, económica, social y cultural, haciendo un sabio equilibrio entre la unidad y la diversidad de nuestros pueblos", en aras de que dicho órgano "sea el espacio idóneo para la expresión de nuestra rica diversidad cultural y, a su vez, sea el espacio adecuado para reafirmar la identidad de América Latina y el Caribe".

El texto reincide con especial ahínco en el respeto a la pluralidad de culturas y pueblos latinoamericanos.

En este sentido, la CELAC establece en el documento como pretéritos inquebrantables "el respeto al Derecho Internacional, la solución pacífica de controversias, la prohibición del uso y de la amenaza del uso de la fuerza, el respeto a la autodeterminación, el respeto a la soberanía, el respeto a la integridad territorial, la no injerencia en los asuntos internos de cada país, la protección y promoción de todos los derechos humanos y de la democracia".

Proclamas y deseos, sin duda muy importantes, en un proceso que debe continuar adelante, no como una sustitución a organismos internacionales, sino como una reafirmación de soberanía latinoamericana, en busca de los preceptos declarados en el documento de Caracas, labor que estará a cargo de la Presidencia pro témpore, a la cabeza del Jefe de Estado de Chile, para que en el 2012 ya se delineen los pasos que se aplicarán en el futuro.

Es deseo de los pueblos, dentro de su diversidad cultural, política y social, el conseguir que la integración sea un mecanismo paulatino y permanente en la consecución de la unidad de esta parte del planeta, que podría constituirse en un futuro en una potencia no para someter, sino para implantar la igualdad y la justicia en las relaciones internacionales”, en palabras de Loza Oblitas. 39 puntos contempla la Declaración política aprobada por los mandatarios reunidos en Caracas en la Sesión Fundacional del organismo hemisférico. Entre otros considerandos, los 33 mandatarios, Jefes de Estado y de Gobierno, confirmaron que la CELAC es la más alta expresión de la voluntad de unidad en la diversidad y ratificaron los valores y principios siguientes:

Respeto al Derecho Internacional, la solución pacífica de controversias, la prohibición del uso y de la amenaza del uso de la fuerza, el respeto a la autodeterminación, el respeto a la soberanía, el respeto a la integridad territorial, la no injerencia en los asuntos internos de cada país, la protección y promoción de todos los derechos humanos y de la democracia, se constituyen en los pilares programáticos y filosóficos del nuevo organismo.

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Comentarios

  1. Me parece algo muy positivo, que las naciones con los recursos naturales se unan

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